sábado, 30 de agosto de 2008

Los primeros pasos


Para quienes tienen la alegría y la bendición de llegar al trabajo en 20 minutos tomando el subte, o quizás 40... o más está dedicado este Blog. Para aquellos que disfrutan del contacto humano y del calor irradiado por otros seres.
Son la 7 am suena el despertador, después de un breve mate y una fugaz ducha me dispongo a planchar la camisa que llevaré puesta, para arrugarla en solo 5 minutos. El sol brilla y el viento despeja malos pensamientos, las cuatro cuadras que me alejan de la estación se transforman en un paraíso al bajar las escalinatas que me transportan al inframundo. Mi cabeza se ve invadida por toda clase de insultos cuando llego a visualizar un cartelito, de realización precaria, que informa a los pasajeros que el subte se encuentra demorado. Desenfundo velozmente mi tarjeta subtecard, como en un tributo a la época dorada de Clint Eastwood, para darme cuenta que no funciona. Miro a mis espaldas un malón intenta comprar entradas para el baño turco, mientras quien las vende mantiene una ininterrupida charla telefónica. En un segundo intento mi tarjeta reacciona y soy apaleado en la cintura por un molinete que encontró dificultades para activarse en forma coordinada con mi andar. Me encuentro en el andén y al parecer mi estadía en él va a ser larga.
Tras un buen rato de ver pasar reliquias de la ingeniería, analizo a mis compañeros de scrum y en una formación caótica logro ingresar al vagón.
Las luces se prenden y se apagan, la música está a cargo de metrovías con un viejo remix que en forma repetitiva y saturada nos recuerda que "la linea A circula con demoras".
Solo queda relajarse y dejarse llevar... que el trayecto dura 15 minutos y esa es otra historia.